BRUSELAS FEBRERO ROJO SI U
«Nos apoyamos en el horno, Marian y Anna contra la puerta de la cocina, y contamos hasta cien, y contamos hasta mil, y contamos hasta que Marian grita Ya, corred, y corremos tras él, tropezando por el jardín tras la casa y sobre el muro tras la casa en dirección al bosque, en dirección al campo, y Antonina con la pequeña Julia en brazos se tuerce un tobillo y cae y se queda en la zanja que abrimos en mayo, se queda llorando y apoya la cabeza en el brazo, como podríamos ver si nos diésemos la vuelta, pero no nos damos la vuelta, seguimos corriendo, corremos por el campo y pensamos: Cae, apoya la cabeza en el brazo, como podríamos ver si nos diésemos la vuelta, pero no nos damos la vuelta, seguimos corriendo, corremos por el campo, pensamos: Cae, apoya la cabeza en el brazo, como podríamos ver si nos diésemos la vuelta, pero no nos damos la vuelta, seguimos corriendo, corremos por el campo, pensamos: Corremos sin darnos siquiera la vuelta para mirar una vez a Antonina.»
Kevin Vennemann, Cerca de Jedenew.